Juventudes y No-Discriminación en la Ciudad de México

jovenes

Por: Aarón Hernández

La Ciudad de México es un espacio lleno de múltiples escenarios y fuertes contrastes, por un lado existe la zona centro que alberga grandes museos, espacios públicos y oficinas de gobierno; y por otro, la periferia enmarcada por los cinturones de pobreza y marginación. Hacia el poniente  se encuentran los grandes centros comerciales y ejecutivos conviviendo con zonas habitacionales en condiciones precarias; hacia el sur, se puede encontrar a las grandes reservas ecológicas e incluso pueblos que se encuentran en régimen ejidal, así como la máxima casa de estudios; hacia el norte, los grandes complejos industriales igualmente junto a zonas habitacionales populares; y al oriente, una mezcla de urbanización y actividad agrícola, en donde se encuentra la delegación más poblada de la Ciudad, enmarcada en problemas de vialidad y acceso al agua.

Es en esta ciudad tan compleja es que vive y se desarrolla la población capitalina, que al igual que su territorio, está también llena de contrastes, en ella viven niñas y niños, jóvenes, personas adultas mayores, mujeres, hombres, heterosexuales, gays, lesbianas, personas transgénero, travestis, transexuales, intersexuales, personas que viven con alguna discapacidad, poblaciones callejeras, pueblos indígenas; también de todas las clases sociales y sectores de la sociedad, desde personas desempleadas hasta empresarias, entre otras.

Todas y cada una de las personas que habitan esta ciudad, son sujetas a vivir discriminación por alguna razón y esto no se debe a sus características inherentes, si no porque el entorno y la estructura sociopolítica, económica, legal y cultural lo genera, haciendo que el ejercicio de los derechos humanos sea más difícil (si no es que imposible) para unas personas que para otras, creando dinámicas de desigualdad, pobreza y exclusión.

Tomando en cuenta lo anterior, se puede entender que se puede vivir doble discriminación al hacer un cruce de los aspectos ya descritos, por ejemplo, si una persona es joven, vive con discapacidad, no es heterosexual y es de origen indígena, podría entenderse que vive una gran exclusión por todos esos factores sumados en relación al sistema en el que se desarrolla.

Para poder atender de una forma integral las violaciones a derechos humanos que vive la población, existen enfoques o perspectivas que pueden ayudar a comprender la realidad en que viven las personas y hacer que las políticas públicas sean sensibles a sus verdaderas necesidades.

Uno de ellos es el enfoque de género, que permite ver cómo desde los roles sociales que se le atribuyen a lo masculino y a lo femenino y que responden a estructuras, hetero-normativas, androcéntricas y patriarcales se genera una fuerte desigualdad, discriminación y violaciones a los derechos humanos hombres y principalmente a las mujeres.

El segundo es el enfoque generacional, el cual permite ver cómo desde los atributos de la edad, emanados desde una postura adultocéntrica, impiden o dificultan el goce de derechos humanos a niñas, niños (enfoque de niñez), jóvenes (enfoque de juventudes) y personas adultas mayores.

El tercero es el enfoque de no-discriminación como tal, el cuál trata de analizar cómo el sistema y las estructuras basadas en el modelo hegemónico imponen y/o promueven prejuicios, estigmas y estereotipos de las personas, en otras palabras, si no se cumple con “el ser hombre, adulto, heterosexual, caucásico y exitoso (ser atlético, profesionista, emprendedor y tener un alto nivel adquisitivo), se tiene por seguro que existirá algún impedimento para el goce de los derechos humanos.

El anteriormente mencionado enfoque de juventudes, al igual que los demás enfoques, reconoce a las personas, en este caso a las y los jóvenes como agentes de transformación social, como sujetos históricos y sobre todo, del reconocimiento de la dignidad humana. El enfoque de juventudes contempla que existen diversas formas del ser joven, que responden a esos mismos contrastes que describen a la Ciudad de México, por ello, es también un enfoque transversal, ya que puede observar la realidad de las personas jóvenes LGBTTTI, mujeres jóvenes, hombres jóvenes, jóvenes migrantes, jóvenes en situación de calle, jóvenes indígenas, jóvenes con discapacidad, etc.

La Ley de las y los Jóvenes de la Ciudad de México, aprobada en Junio por la Asamblea Legislativa del Distrito Federal y que aún no ha sido publicada, es un intento de crear una ley para jóvenes que promueva, proteja, respete y garantice los derechos humanos para esta población, entendida de entre los 12 a los 29 años de edad, siendo sensible a las características que pueden tener quienes son menores de 18 años y quienes ya se encuentran cerca de cumplir los 30 años ya que en su espíritu se encuentra el enfoque de juventudes.

Si bien aún tiene temas pendientes en lo referente a acceso a la justicia y al debido proceso, al nivel de vida adecuado y al a reinserción social para jóvenes en conflicto con la ley; ha logrado avanzar en el reconocimiento de derechos, sexuales, reproductivos, civiles, políticos, económicos, sociales, culturales y ambientales.

Por otra parte, hay algunos aspectos importantes a considerar, ya que el capítulo referente a los derechos laborales lleva como título “Promoción del derecho al trabajo”, pues se vincula con lo establecido por las leyes actuales en la materia para el Distrito Federal, es decir, no agrega aspectos nuevos por lo contemplado a estas leyes, sin embargo, hace hincapié en la realidad de las y los jóvenes, quienes son la población mayormente afectada por el desempleo; por otra parte, las leyes en materia laboral en México, reconocen que la edad mínima para trabajar son los 15 años, por lo que esta ley de jóvenes aunque se enfoca en la población de entre los 12 y los 29, no entra en contradicción con estas leyes al ser sólo de PROMOCIÓN, además, aparte del enfoque de juventudes, contempla al Interés Superior del Niño y al Principio Pro Persona, que para el caso de menores de 18 años, buscan su máxima protección, y en el caso de que exista controversia entre las leyes en materia laboral, de juventudes y de niñez, la interpretación se hará a partir del mayor cumplimiento de derechos y del bienes mayor de la persona.

Lo anterior también aplica para lo referente a los derechos sexuales y derechos reproductivos, de los cuales, tanto el sistema educativo como el de salud, tienes responsabilidades para toda  población, sin desdibujar la dinámica familiar y el ejercicio de la paternidad, reconoce que es el Estado quien debe de brindar las condiciones para que tanto menores como mayores de 18 años cuenten con la orientación e información necesaria para ejercer estos derechos.

Para concluir, sólo hacer hincapié en que si bien la ley representa un avance en materia de derechos de las personas jóvenes, aún hay mucho por hacer, aún falta su publicación y la realización del mecanismo de participación joven en la elaboración de políticas públicas en materia de juventudes.

Las organizaciones de la sociedad civil que han participado en este proceso desde cinco años, continuarán trabajando para que existan leyes que partan desde los enfoques de género, juventudes, no-discriminación y los que sean necesarios para que el ejercicio de los derechos humanos de manera plena sea una realidad para toda la población.

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