La epidemia del bullying y el reflejo del desgobierno.

“¿Qué respuestas queremos de unos niños y niñas creciendo en medio de la incertidumbre, el arrebato, la violencia sistemática y la precariedad? ¿Qué esperamos de ellos y ellas cuando les hemos sumido en una dinámica social, económica y educativa que se sostiene a partir de la competencia, jerarquía y violencia?”

Por: Jorge Aguilar

Alrededor de la educación se construyen miles de discursos todos los días, la mencionan políticos, funcionarios, académicos, economistas. Prácticamente todas las personas han crecido convencidas de que la transformación de una sociedad tiene como punto medular a su sistema educativo.

La lucha contra la discriminación también ha visto en el espacio educativo el entorno más valioso para combatir esas prácticas. Muchos de esos esfuerzos se han traducido en la educación contra el “acoso escolar/bullying”, siendo sinceramente, un pobre y limitado argumento si es que en realidad se busca la transformación real de una sociedad que segrega y discrimina.

La dinámica educativa como la conocemos está en sí misma fundamentada en prácticas y estructuras discriminatorias que pocas voces han cuestionado en realidad. Para empezar hay que tener presente que la educación llegará completamente diferenciada a la población si es en una zona rural, indígena, si hay personas discapacitadas y por supuesto, si hay o no marginación económica.

Y no se trata de que la educación sea homogénea para todos y todas, al contrario, las necesidades, inquietudes y habilidades de todos los niños y niñas son completamente diferenciadas y su educación debería ser así también, diferenciada dependiendo de sus particularidades y realidades, por eso es que se debe de tomar en cuenta en un principio que el acceso mismo a la educación no debe verse afectado por las particularidades individuales para que todos y todas tengan igual oportunidad de ser acompañados en el desarrollo de sus potencialidades.

El entorno educativo busca eliminar prácticas discriminatorias y violentas según los organismos y marcos legales nacionales y locales, sin embargo, como en la sociedad misma, es un espacio que se construye en la obediencia, las jerarquías y el adoctrinamiento. Es irracional pensar que 40 niños y niñas sentadas en un salón de clases querrán hacer lo mismo al mismo tiempo, es irracional pensar que todos deben alcanzar los mismos resultados y que todos necesitarán esas habilidades en su vida. El entorno educativo tradicional no hace más que buscar eliminar las particularidades, identidades e individualidades para lograr un puñado de robots humanos que piensen igual, sepan lo mismo y tengan que ser vigilados por un guardia que les indique lo que necesitan.

Nuestras escuelas en lugar de fomentar la integración y articulación a partir de la diversidad, ha elegido uniformarnos de colores grises y fingir que todos y todas somos iguales en lugar de apostar a la construcción de algo mucho mejor, más grande y más complejo que conjunte las voces, experiencias y visiones de cada individualidad.

Eliminar la discriminación y violencia no se logrará con un modelo que se basa en la competencia, la competencia es el principio de la inequidad, desigualdad y guerra. En un entorno competitivo se construyen estructuras jerárquicas que la mayor parte de las veces se articulan a partir de quién tiene más y quién tiene menos, en quién es delgado y quién tiene sobrepeso, en quién tiene una piel más clara y quién una más oscura, etc. El vivir en una competencia (noción que se enseña desde las aulas) tiene como irremediable fin la creación de inequidades y luchas, una competencia, como la entiende el contexto moderno,  siempre tendrá un/a ganador y por consiguiente un perdedor, el ser perdedor genera tristeza y malestar; poco a poco las personas que “pierden” serán siendo segregadas, marginadas, excluidas y sus derechos serán más vulnerables a ser violentados.

La postura generalizada en torno al fenómeno del acoso escolar se ha limitado a señalar a las víctimas y victimarios como entes aislados, resultados de trágicas dinámicas salidas de control que en el peor de los casos termina en un desenlace mortal. Sin embargo, al igual que Durkheim nos llevó a analizar el suicidio como un hecho social, el bullying debe ser analizado en toda la complejidad de sus relaciones sociales e institucionales. El Estado ha tratado de mostrar al bullying como un asunto aislado dentro de las paredes de las escuelas, pero es ridículo pensarlo así en un contexto de violencia nacional impensable hace 20 años.

El Estado y medios se escandalizan por ver casos de niñas agredidas por sus compañeros y compañeras hasta llegar a la inconsciencia  pero lo piensan aislado a la realidad de un país machista y violento contra las mujeres, donde las autoridades declaran que hay cosas más importantes que atender que los feminicidios”. Hay condenas a la violencia cuando un joven en Hermosillo se ahorcó en su recámara luego de meses de ser golpeado “por puto” pero se piensa distante a las 1000 víctimas mortales de homofobia (lesbo, bi, transfobia) en la última década.  Hay sorpresa por casos de violaciones sexuales entre menores de edad sin recordar que la ONU ha calificado a México como el primer lugar en violencia sexual, sin recordar que en el país se viola a una mujer cada cinco minutos. Por qué escandalizarnos por casos de niñxs agredidos “por pobres” si el mismo desgobierno se ha encargado de violentar, barrer y encerrar en prisiones a las personas sin recursos, excluidas y arrojadas a vivir en las calles.

¿Qué respuestas queremos de unos niños y niñas creciendo en medio de la incertidumbre, el arrebato, la violencia sistemática y la precariedad? ¿Qué esperamos de ellos y ellas cuando les hemos sumido en una dinámica social, económica y educativa que se sostiene a partir de la competencia, jerarquía y violencia? ¿Construimos más penales o analizamos nuestras realidades y dinámicas colectivas? Una verdadera transformación desde las aulas no solo hablará del “fin del acoso escolar”, sino que buscará la educación fuera de esos modelos que generan lucha, desigualdad y homogeneidad, buscará un cambio radical del pensamiento pedagógico imperante en occidente y apostará a la construcción colectiva, a la educación en la diversidad, a la educación en DDHH y la búsqueda de paz.

____________________

Síguenos en Facebook / Observatorio Ciudadano de Discriminación en Medios

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s