La sororidad en la lucha por la dignidad

“Es en la sororidad en la que encuentro y reconozco la hermandad con otras mujeres y hombres, decididas y decididos a luchar por la vida y la libertad, es así como voy descubriendo que otro mundo es posible”

 

Por: Nancy Amado Soto

En este mes se conmemoro el Día Internacional de la Mujer, fecha que se estableció así con motivo de que el 8 de marzo de 1857, un grupo de obreras textiles tomó la decisión de salir a las calles de Nueva York a protestar por las míseras condiciones en las que trabajaban. Distintos movimientos se sucedieron a partir de esa fecha. El 5 de marzo de 1908, Nueva York fue escenario de nuevo de una huelga polémica para aquellos tiempos. Un grupo de mujeres reclamaba la igualdad salarial, la disminución de la jornada laboral a 10 horas y un tiempo para poder dar de mamar a sus hijos. Durante esa huelga, perecieron más de un centenar de mujeres quemadas en una fábrica de Sirtwoot Cotton, en un incendio que se atribuyó al dueño de la fábrica como respuesta a la huelga. En 1910, durante la Segunda Conferencia Internacional de Mujeres Trabajadoras celebrada en Copenhague (Dinamarca) más de 100 mujeres aprobaron declarar el 8 de marzo como Día Internacional de la Mujer Trabajadora. Actualmente, se celebra como el Día Internacional de la Mujer.

Es la lucha social de estas mujeres  por el pleno reconocimiento de su dignidad, la que las lleva a exigir sus derechos, esto me lleva a reflexionar en lo difícil que habrá sido en ese tiempo, el lograr que otras vencieran los miedos, vencer los propios miedos, el qué dirán, el dejar de escuchar esas voces en su interior que les decían como debe o no ser una mujer, o lo que otros creían que merecían por ser mujeres, no debió ser una lucha fácil, los prejuicios y estereotipos de esa época, sin duda, limitaban y marcaban a las mujeres de forma determinante, así han pasado los años y aún continua la lucha por el reconocimiento de los derechos de la mujeres, con los mismos y otros miedos, quizás con las mismas voces interiores, con nuevos prejuicios y estereotipos que nos limitan y marcan, en el cómo decidir sobre nuestro cuerpo, sobre nuestra libertad a expresar lo que pensamos y sentimos, de lo que queremos y no queremos, sobre nuestra dignidad, es aún, a más de 100 años, que continua esta lucha desde distintas expresiones culturales y formas de pensamiento y el cuestionamiento sobre las acciones que puedan disminuir esas brechas y genere las condiciones para nuestro desarrollo, para la equidad e igualdad, es en la familia, con nuestras amistades, pareja, en la escuela, en el trabajo, en los medios de comunicación y en la religión, desde donde en muchas ocasiones provienen principalmente esas voces y limitaciones, para el pleno ejercicio de la ciudadanía consciente y el ejercicio pleno de las prácticas democráticas por parte de las mujeres

En lo personal tiene poco que empecé mi propia lucha por callar esas voces, por escuchar mi voz, por reconocer y defender mis derechos y dignidad, así como la de otras mujeres y hombres, es en la sororidad en la que encuentro y reconozco la hermandad con otras mujeres y hombres, decididas y decididos a luchar por la vida y la libertad, a no permanecer inertes ante  la opresión del patriarcado, la violencia, discriminación y desigualdad, es así como voy descubriendo que otro mundo es posible.

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