La oferta laboral para jóvenes, una dudosa realidad.

Por: Omar Ortega

Si hablamos desde una perspectiva de juventud, regularmente nos encontramos con que la oferta o la inserción al mercado laboral es un tanto compleja. Esto dicho porque podemos ser estudiantes, egresados de alguna carrera, licenciados(as), ingenieros(as), o especialistas en alguna rama; pero esto no siempre es lo más favorable momento de entrar en el mercado laboral.

Desde el momento de encontrar una vacante y postular para ella se llega a tener cierta incertidumbre por saber siquiera qué poner en tu reseña curricular para no ser descalificado desde el primer momento.

Es interesante como en algunas, sino es que en la mayoría de instituciones y/o empresas, de primer momento sólo te buscan como “apoyo técnico” sin tomar en cuenta tus capacidades reales o la trayectoria que te preceda; a menos claro que vayas por recomendación de alguna persona cercana al medio.

Con esto la capacidad de trabajo que puedes ofrecer no es totalmente aprovechada, ni te permite crecer profesionalmente.

Nosotros(as) como jóvenes que iniciamos en el medio laboral “formal” o estamos en búsqueda de estarlo, nos topamos con obstáculos y trampas que, si no percibimos en cierto momento nos podemos ver dentro de un contexto de “enganche” con la institución o empresa que nos está empleando.

Para citar un ejemplo, existen convocatorias en línea, en el “Aviso oportuno”, o en las esquinas de nuestro camino cotidiano, que ofrecen empleos con atractivos salarios, horarios flexibles y que solicitan un perfil profesional más que técnico. Si corres con la fortuna de ser seleccionado minuciosamente para una entrevista, te ves envuelto en una serie de emociones contrastantes y complementarias que te hacen planear la mejor estrategia para presentarte a dicho evento.

Cuando por fin llega la fecha de tu cita, te das cuenta que tienes una competencia bastante fuerte, pues observas a tu alrededor perfiles igual de competitivos que tú y con la misma oportunidad de obtener esa tan demandada vacante.

Tus sensaciones son contradictorias, pues observas quién puede ser tu rival más complicado y analizas la manera de superarlo con tal de obtener el puesto; ya dentro del proceso de selección, donde te plantean una articulación de esfuerzos, valoran tus capacidades y conocimientos, te hacen parte de un proceso de toma de decisiones, y finalmente te das cuenta que sólo quedan  un par de personas más además de ti que cumplen con el perfil que solicita la vacante.

Ya en el último momento previo a la selección final te cuentan la verdadera vacante disponible; te dicen que consigas más personas que estén “necesitando” un empleo, que generes una red a partir de tus contactos y relaciones para poder aportar algo a la empresa, o que hagas labor de demostración y venta de algún tipo de producto.

La pregunta aquí es, ¿dónde queda el perfil profesional que inicialmente solicitaban? ¿cuál es la concepción que se tiene del joven en búsqueda de un empleo? ¿es válido poner en una balanza el “necesitar” y el “querer” un trabajo de manera diferenciada?

Por desgracia éstas y muchas otras situaciones se ven día a día en torno a la oferta laboral que aqueja a jóvenes en zonas metropolitanas. El enganche con empresas o instituciones “fantasma” que a partir de ofertas muy atractivas reclutan gente y la comprometen bajo firma de contrato, a continuar con su servicio por un largo tiempo.

Pocos son quienes logran darse cuenta a tiempo de las condiciones de trabajo en las que se verán inmersas y menos aún quienes detectan la violación a derechos laborales que se están presentando.

El concebir a la juventud como una mano de obra técnica al momento de ofrecer un trabajo, habla mucho sobre el proceso de identidad, tutelaje y adultocentrismo en el que estamos viviendo. Invisibilizar a las y los jóvenes sigue siendo un problema que es necesario retomar, por el tipo de abuso que se está presentando ante la necesidad de quienes como jóvenes estamos comenzando procesos de independización, o simplemente de poder explotar nuestras capacidades y ver reflejados los frutos de toda la trayectoria académica y profesional por la que nos hemos preparado.

Para esto necesitamos en primer momento asumirnos como personas de derechos y que tienen voz y voto al momento de ver que estamos siendo vulnerados de alguna manera, y tener la herramientas de exigibilidad para poder hacerlos efectivos.

Si bien no nos están discriminando por edad, nos están sub-empleando sin tomar en cuenta las capacidades no sólo técnicas que podemos ofrecer como jóvenes.

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