Ignorar la autonomía de las personas con discapacidad también es discriminación

Por: Diana Vite

En una entrada anterior [Juicio de Interdicción: ¿Protege o menoscaba los derechos de las personas con discapacidad?] comentamos que a raíz del caso de Ricardo Adair que pide un amparo para declarar como inconstitucional el juicio de interdicción, la estructura jurídica sobre el tema en torno a las personas con discapacidad, comienza a frustarse y a ser permeada por principios y Derechos Humanos.

Sin embargo, la SCJN se ha pronunciado por no eliminar ese modelo, el del juicio de interdicción, sino que , a pesar de que declara a Ricardo con capacidad jurídica, en algunos casos debe de haber una sustitución de la voluntad de forma gradual, es decir, en algunos casos deberá ser necesaria la tutoría de sus familiares, según lo crean conveniente expertos, en cuanto a su grado de autonomía, entendida ésta como la libertad de tomar decisiones con cierta conciencia y raciocinio.

Es como un Si pero No, de manera que aunque se le reconoce capacidad jurídica, no se declara inconstitucional el modelo de la sustitución de la voluntad que contraviene a la Convención de los Derechos de las Personas con Discapacidad, la cual considera la creación de un modelo de asistencia en la toma de decisiones y salvaguardas.

¿Eliminar el modelo o graduarlo? Es una pregunta interesante porque las discapacidades son heterogéneas, pueden ser severas o leves.

A pesar de tal debate, ha sido un caso muy importante en el ámbito de los derechos de las personas con discapacidad. Y algo que me gustaría mucho enfatizar es la noción que muchos tienen de autonomía, pues a veces se cierra mucho el concepto, dejando ver sólo la toma de decisiones. Pero también cuando hablamos de discapacidad, la autonomía, no se refiere a cuántas cosas puede hacer una persona con discapacidad sola (comer, bañarse, ir y venir, etc) sino a la a calidad de vida que tiene con asistencia (no con un cuidador), una asistencia que permite respetar la autonomía por mínima que ésta sea, pero respetarla. De modo que si una persona sólo puede mover un dedo, parpadear, sonreír: a través de la creatividad, podremos comunicarnos, aprender, enseñar e ir logrando un diálogo y no una imposición que genera fastidio, maltrato y deshumanización que se torna en discriminación.

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