El primer paso hacia la revolución

#1D (2012) Foto: JAguilar

Por: Jorge Aguilar

En años recientes diversas dictaduras han caído o se han tambaleado frente a una población que no se calla. Se podrían enumera por lo menos dos decenas de países que en las dos últimas décadas han transformado sus sistemas políticos por exigencia de sus pueblos. En otros lugares, como Tíbet, Grecia o EEUU, si bien no han derrumbado los sistemas gubernamentales, militares o económicos que les oprimen, han puesto en evidencia internacional a sus verdugos. Movimientos de inspiración “no violenta”, huelgas nacionales y movimientos “Ocupa” respectivamente han resultado las acciones más conocidas.

Pero ¿Qué hay antes de una gran movilización social? ¿Cuál es el momento que divide la historia de las naciones entre una población sometida completamente y otra que es consciente de su opresión y comienza a realizar acciones efectivas contra el sistema que les controla?

Las poblaciones son atomizadas, para ello hay miles de estrategias, desde el régimen mediático que promueve valores de consumismo y competencia hasta sistemas educativos que en lugar de inculcar la solidaridad entre todos y todas, se basa en las jerarquías, el automatismo y la producción de mano de obra sin capacidad de razonar.

Las poblaciones son débiles porque son constantemente acosadas por todos los aparatos del sistema con un discurso de terror y castigo. Las personas por lo general están completamente asustadas para compartir su odio a la dictadura siquiera con su familia o amigos (as). Mucho menos será capaz de alcanzar la organización en grupos articulados con las mismas ansias de libertad y justicia. Están demasiado ocupadas en sus desgracias diarias para siquiera imaginar una verdadera resistencia popular.

Es por eso que combatir de manera organizada con una dictadura es “apenas” la última consecuencia de la capacidad de la gente para liberarse de sí misma, de todos esos adoctrinamientos a los que todas las personas nos vemos involucradas desde el momento mismo del nacimiento. Contra las estructuras injustas del género, contra los discursos inútiles que promueven la discriminación y segregación de las poblaciones con la única intención de desarticular una posible organización.

El primer paso para la participación es el reconocimiento de las personas como sujetas de derecho, es decir, hombres y mujeres dignas, con derechos y una obligación histórica de transformar las realidades que son injustas. Mientras las personas no se reconozcan como tales seguirán siendo manipuladas y vilipendiadas por los monstruos institucionales a quienes les conviene arrear entes autómatas que se creen esclavos y no lidiar con personas que se saben sujetas históricas activas.

Es esa la apuesta de centenares de organizaciones, colectivos, discursos políticos y perspectivas de lucha. Como diría el feminismo, “empoderar” a las personas. Y no en el sentido vago y torpe de la “superación personal”; sino hacerles reconocer que tienen auténtico poder, derechos y capacidad de acción individual y colectiva.

En ese camino andamos, y si bien muchos le apuestan a los eventos coyunturales, esos que probablemente traerían el repentino envalentonamiento de los grupos oprimidos; otros(as) tienen trabajo por décadas. Es poco probable una “rebelión espontanea”, y si así ocurriese, sería sólo consecuencia de un proceso de décadas de trabajo de organización, promoción de Derechos Humanos, Derechos Sociales/Políticos y por supuesto una constante labor para lograr consciencia de clase.

El primer paso hacia la revolución, el momento que divide la historia es cuando un estudiante combate si es que hay jerarquías injustas en su sistema educacional, cuando alguien por fin cae en cuenta de que el presentador de noticias le miente, cuando una persona sale a marchar por primera vez, cuando alguien decide dedicar sus esfuerzos a la organización y concientización, ahí, en ese momento, el tiempo de vida para una dictadura comienza su cuenta regresiva.

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