La salud mental ciudadana del mundo.

“¡La Salud no es un favor, es un Derecho!”

Por: Nancy Amado Soto

¿ Te has preguntado cómo te sentirías si tuvieras que salir de México por la violencia,  amenazas,  ataques, por cuestiones económicas o de otra índole? Tener que llegar a un país desconocido, ¿Qué emociones son las que predominarían en una situación de este tipo?  ¿Dónde quedaría tu bienestar emocional?, probablemente tendrías un cumulo de emociones y sentimientos encontrados, entonces ¿Dónde queda el Derecho a una salud mental en las personas refugiadas o migrantes?, uno de los tantos derechos que se ven violentados y que es base para nuestro bienestar mental y físico, es el Derecho a salud, los efectos no solo se evidenciaran en lo físico,  los trastornos mentales que se pueden generar a partir de una vivencia de este tipo son el estrés,  depresión, y ansiedad que se potencia al grado de autolesionarse o incluso llegar al suicidio.

Cuando hablamos de personas migrantes y refugiadas, ¿conocemos la diferencia entre ambos?

Migrante se refiere a aquella persona que por razones personales se moviliza de su lugar de origen a un destino particular con la intención de establecerse ahí. Un refugiado hace referencia a aquella persona que ha sido perseguida o que tiene temores de serlo en su país de origen por motivos de raza, nacionalidad, religión, pertenencia a un grupo social u opiniones políticas y que, estando fuera de su país de origen no puede acogerse u obtener protección efectiva en su nueva nación.

Así que en realidad lo único que los diferencia son los términos con los que nos referimos, ya que los desafíos a los que se enfrentan las personas refugiadas y migrantes son muy similares, como el enorme estrés en el que llegan a vivir al tratar de adaptarse a una nueva cultura y sociedad mientras la realidad en los países de origen les lleva a  revivir permanentes temores por la seguridad de familiares, de los que se quedaron, la discriminación y la desigualdad a la que se enfrentan en el país al que llegan, en muchos de los casos el desconocimiento de los Derechos Humanos, la exclusión y la distinción por su raza o nacionalidad.

El choque cultural que vive la persona refugiada genera reacciones como la desorientación, enojo, frustración, culpa, arrepentimiento, negación de las diferencias y/o automarginación.

Los factores asociados a un mayor riesgo en salud mental van desde la potencial oportunidad de sentirse avergonzados y con culpa por haber sobrevivido, dificultad para identificar y externar las emociones y sentimientos, el sobrellevar la lejanía de los familiares, el haber vivenciado sesiones de tortura  y/o la muerte de personas cercanas, el no elaborar un duelo por las pérdidas.

¿Qué podemos hacer para la población de refugiados a nivel de servicios de salud mental?, ¿Se trata de rescatar?, ¿Queremos victimizar a las personas que fueron víctimas de situaciones de injusticia?

Es importante ante todo reconocer la dignidad humana de las personas migrantes y refugiadas, así como el que presentan una serie de factores de riesgo mayores en salud mental que la población en general, las barreras del idioma y la complejidad cultural requiere de prácticas preventivas y de tratamiento más efectivas, se debe tener presente la necesidad de distintas modalidades de intervención, desde áreas como la facilitación laboral a las prestaciones específicas de salud mental, que se adapten a los factores de riesgos y las particularidades culturales de las personas refugiadas y migrantes.

Existen diversas organizaciones en las que puedes participar como voluntaria o voluntario, si tienes formación en terapia, psicología, tanatología, consejería u otra disciplina mediante la cual puedas brindar un acompañamiento, contacta con nosotros y te podemos brindar más información.

 ¿Sabías qué?
 La Agencia de la ONU para los Refugiados (ACNUR) informó el 19 de junio de 2013 que la tasa de desplazamiento reportada en 2012 fue la más alta en un periodo de casi 20 años.
Más de 7,5 millones de personas fueron desplazados de sus hogares por la fuerza, otro millón huyó a través de las fronteras nacionales como refugiados, y más de seis millones fueron desplazados dentro de sus países.
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